Nació como una culebrilla de agua, sietemesino, con un kilo novecientos y treinta centímetros de largo. Se aferró con ahínco a la vida y a las tetas de su madre. En la guardería fue el más bajito. Durante la EGB el repetidor más retaco y añoso. Al grito de «tonto el último» galopaba al recreo. En su casa cortaba el bacalao, en la calle era un buscavidas. Con los amigos sacaba pecho, con las chicas metía tripa. Su sueño, hacer la mili pero al no dar la talla vendió su alma al diablo. Se hizo matón, en honor al dicho.

Aquí os dejo el blog de los patrocinadores, a los que agradezco infinito que lo hayan elegido.
Qué buen relato Rosy. Me alegro mucho.
Besicos muchos.
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Gracias, preciosa, por tu visita…
Un besote.
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Pura esencia.
Besos, Rosy
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Gracias, Pilar, encantada de verte por aquí.
Un abrazo enorme.
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