La una de la madrugada; te levantas, vas a su habitación, regresas al lecho.
Las dos, vuelves a levantarte.
Las tres… esta vez respiras aliviada, ¡duerme en su cama!
Te acuestas y sonríes, añorando las banales preocupaciones de entonces: «Ponte la sudadera. Cómete la merienda. No te tragues el chicle».

Esta imagen la he cogido prestada de la red (Violeta en línea), gracias por que me viene que ni pintada…
http://www.cincuentapalabras.com/2015/07/cada-vez-que-sales.html
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